la politica en la edad media
sábado, 16 de mayo de 2015
surgimiento de la burguesia
SURGIMIENTO DE LA BURGUESÍA
La necesidad de enfrentar los problemas medievales problemas, originaron muchos de los cambios ocurridos entre los siglos XV y XVI Los factores que tendieron a mejorar la calidad de vida de la gente y fundamentalmente a generar verdaderos cambios sociales, políticos y económico fueron:
a) SURGIMIENTO DE LA BURGUESÍA

En esta época el mundo feudal de occidente inició un proceso de renovación económica, debido a:
a) EL PROGRESO AGRÍCOLA
Al cesar las invasiones en Europa se desarrolló nuevas técnicas en el cultivo (el empleo de los caballos para tirar del arado, el uso de instrumentos de hierro y el molino de agua) que permitió el progreso de la agricultura. a) EL PROGRESO AGRÍCOLA
Las tierras de cultivo aumentaron por las roturaciones de terrenos vírgenes, la desecación de zonas pantanosas y el laboreo de zonas boscosas.
Los conflictos entre papas y emperadores ocasionaron a los terratenientes serias dificultades económicas, para salir de ellas recurrieron a préstamos; al no poder pagarlos, las tierras pasaron a manos de los burgueses, para ser empleadas en la agricultura o ganadería.
La producción agrícola y ganadera aumenta en cantidad y calidad, lo que favoreció el crecimiento de la población y del excedente de la producción, que pasó a ser utilizado en la industria y el comercio.
¿Por qué progresó la agricultura, quiénes se beneficiaron y cómo?
¿Qué originó el aumento de la producción agrícola?
a) SURGIMIENTO DE LA BURGUESÍA

En esta época el mundo feudal de occidente inició un proceso de renovación económica, debido a:
a) EL PROGRESO AGRÍCOLA
Al cesar las invasiones en Europa se desarrolló nuevas técnicas en el cultivo (el empleo de los caballos para tirar del arado, el uso de instrumentos de hierro y el molino de agua) que permitió el progreso de la agricultura. a) EL PROGRESO AGRÍCOLA
Al cesar las invasiones en Europa se desarrolló nuevas técnicas en el cultivo (el empleo de los caballos para tirar del arado, el uso de instrumentos de hierro y el molino de agua) que permitió el progreso de la agricultura.


Los conflictos entre papas y emperadores ocasionaron a los terratenientes serias dificultades económicas, para salir de ellas recurrieron a préstamos; al no poder pagarlos, las tierras pasaron a manos de los burgueses, para ser empleadas en la agricultura o ganadería.
La producción agrícola y ganadera aumenta en cantidad y calidad, lo que favoreció el crecimiento de la población y del excedente de la producción, que pasó a ser utilizado en la industria y el comercio.
¿Por qué progresó la agricultura, quiénes se beneficiaron y cómo?
¿Qué originó el aumento de la producción agrícola?
b) LA RECUPERACIÓN DEL GRAN COMERCIO.- Esto se logró gracias a:
Los excedentes de producción agrícolas, ganaderos y las cruzadas.
Los centros principales del comercio fueron las ciudades de Génova y Venecia (Italia); las del Mar del Norte en la zona de Flandes, Gantes y Brujas, pues allí se encontraban los telares flamencos y las lanas inglesas.
VENECIA:
El punto de reunión eran: las ferias de Champagne donde intercambiaban sus productos empleando moneda, que fue dejada de usar al iniciarse la Edad Media, también se emplean las Letras de Cambio.
El comercio debilitó los ingresos de los señores feudales que basaban su poder en la propiedad de la tierra .
¿Quiénes eran los grandes comerciantes?
LA BURGUESÍA: Nueva Clase socialCon la renovación del comercio y el desarrollo urbano apareció una nueva clase social: la burguesía, que resquebrajó la tradicional sociedad medieval, dividida en: nobleza, clero y siervos (campesinos).
Originalmente, el término burguesía calificaba tan sólo a los habitantes de las ciudades (burgos) de la plena Edad Media, derivando más tarde hasta englobar a una clase social caracterizada por su actividad económica no agrícola
La burguesía constituyó el eje principal de la vida en las ciudades. A través de los gremios o corporaciones defendían sus actividades y establecían las normas, formas de trabajo, precios y salarios.
Los burgueses se iniciaron como artesanos, pero poco a apoco se constituyeron en grandes comerciantes que controlaban el comercio internacional (la alta burguesía), a su vez crearon bancos, que; inclusive hacían préstamos a los reyes o señores, tales como los de Florencia.
Los burgueses se aliaron a los reyes y en ellos surge el sentimiento nacional, rechazando la idea de que el papa debería ejercer el dominio temporal.
Cuando las ciudades lograron gran desarrollo la burguesía tendrá injerencia en la vida política junto al rey. De ella saldrán los intelectuales y las universidades, pues necesitaban gente preparada para conducirlos.
Con la burguesía surgen los obreros agrícolas, industriales o proletarios quienes trabajan o venden su fuerza de trabajo a cambio de un salario mísero o exiguo por supuesto.
¿A qué se dedican los burgueses, a quiénes se unen?
¿Quiénes surgen junto con la burguesía, existen actualmente?
b)La revuelta de los campesinos que se rebelaban contra una sociedad injusta y muy dura,
ocasiona el conflicto entre la nobleza, que no quería perder su privilegios feudales y de estás dos clases sociales que deseaban cambiar esta sociedad, fue surgiendo el mundo moderno, aunque modificar una estructura social tan rígida no fue una tarea fácil.
edad media
Características[editar]
- Una única legitimidad directa de la soberanía (parlamento). 1
- un gobierno pluripersonal y colegiado elegido por el Parlamento formado con el primer ministro al frente.1
- la existencia de mecanismos recíprocos de control entre el poder ejecutivo y el poder legislativo (disolución de la Asamblea y censura al gobierno como máximos exponentes).1
Dos modelos de parlamentarismo[editar]
En uno y otro caso, el distinto origen del parlamentarismo dará lugar a diferenciar dos modelos básicos: el modelo inglés surge antes de los movimientos obreros y es una conquista de la burguesía frente al absolutismo y al feudalismo, por lo tanto su desarrollo no se verá impugnado por los propios beneficiarios. En el modelo continental, la burguesía no tardará en encontrarse con la respuesta de los grupos socialistas y el parlamentarismo -en cuanto poder absoluto del pueblo que se refleja en una asamblea- se mitigó en sus primeros intentos por temor a que las propias teorías permitieran el acceso de una mayoría de trabajadores a las instituciones.
Ventajas e inconvenientes del parlamentarismo[editar]
El modelo parlamentario convive pero se opone al modelo presidencialista. Y es en este sentido cuando se tratan las ventajas y desventajas de cada uno de dichos sistemas de gobierno.
- Se reconocen como ventajas del sistema parlamentario:
- Mayor representación del conjunto social en la medida que las decisiones deben consensuarse en muchas ocasiones entre distintas facciones políticas representadas en el Parlamento.
- Mejor capacidad de respuesta frente a una crisis de gobierno en la medida que puede cambiar el poder ejecutivo adoptando la moción de censura.
- Mayor consenso en las decisiones se considera más la participación y el trabajo en equipo.
- Se enfrentan como desventajas frente al Presidencialismo:
- Separación de poderes atenuada entre el ejecutivo y el legislativo2 .
- Excesiva vinculación del poder ejecutivo con el partido político mayoritario en el Parlamento, pudiendo derivar en partitocracia.
- Su forma más estable termina siendo el bipartidismo.
Tratando de recoger las ventajas de ambos sistemas y eludir sus desventajas se tiende a utilizar sistemas semipresidenciales.
El parlamentarismo en la actualidad[editar]
En el caso del sistema parlamentario, la separación o división de poderes se encuentra atenuada, implantándose un régimen de colaboración entre poderes. En este caso, las facultades de control se encuentran muy desarrolladas, y los poderes del Estado se pueden afectar mutuamente. Inclusive, y bajo circunstancias determinadas, alguno de los órganos del Estado puede revocar el mandato de otro: Así por ejemplo, el poder ejecutivo puede disolver al Parlamento o éste puede censurar a miembros del Ejecutivo y obligarlo a renunciar. Estas facultades buscan generar el mismo efecto que venimos reseñando, evitar la hegemonía de un órgano sobre los otros y conseguir el equilibrio.
El caso de sistema de gobierno al que hacemos mención se da en regímenes parlamentarios o con tendencia parlamentaria, los cuales incluyen rasgos que también podemos encontrar en los llamados regímenes de naturaleza mixta, como el caso del semipresidencialismo francés.
Doctrinariamente, se reconocen como características básicas de todo régimen Parlamentario o con tendencia parlamentaria a las siguientes:
- Un Ejecutivo dual, en el cual coexisten, en primer término, un jefe de Estado quien cuenta con atribuciones puntuales y en general muy restringidas, y obra como "Árbitro" o “mediador” de los problemas políticos; y un Jefe de Gobierno, que funciona a través de un órgano colegiado llamado Gabinete o Consejo de Ministros a cuya cabeza se encuentra el llamado Primer Ministro, quien es el funcionario que efectivamente dirige la política interna de la Nación.
- Marcada dependencia entre los órganos Ejecutivo y legislativo. En realidad el Gobierno surge del Parlamento, el cual es, en principio, el único órgano elegido por voluntad popular. También pueden existir sistemas como los de órganos colegiados denominados supremos, que, con el pretexto de mantener la gobernabilidad, suprimen derechos de los ciudadanos y obligaciones del gobierno.
- Un Parlamento, que es, por lo menos teóricamente, el sustento de la labor gubernamental, tal que puede destituir ministros mediante la censura o la negación de la confianza. A la vez, el Jefe de Estado o el Presidente del Gobierno puede ordenar la disolución del Parlamento en casos de graves controversias en las cuales puedan estar en riesgo la gobernabilidad de la Nación o la legitimidad de la dirigencia de su clase política.
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El Parlamentarismo, también conocido como sistema parlamentario, es un mecanismo en el que la elección del gobierno(poder ejecutivo) emana del parlamento (poder legislativo) y es responsable políticamente ante éste. A esto se le conoce como principio de confianza política, en el sentido de que los poderes legislativo y ejecutivo están estrechamente vinculados, dependiendo el ejecutivo de la confianza del parlamento para subsistir. En sistemas parlamentarios el jefe de estado es diferente que el jefe de gobiernoAntecedentes históricos[editar]
Las primeras noticias de asambleas electas con poder ejecutivo remiten a la antigüedad clásica, en concreto a las ciudades-estado de Grecia, donde la democracia ateniense es el ejemplo de democracia parlamentaria más extremo conocido –dado que todos los ciudadanos formaban parte del Parlamento, la Ecclesia–. Estructuras parecidas se encuentran en la Antigua Roma, donde el Senado acaparaba todos los poderes ejecutivos del Estado romano, aunque en materia legislativa se veía sometido a las decisiones de los tribunos y los "comicios". El Senado romano estaba formado principalmente por las élites aristocráticas romanas, los patricios, y marginaba en un primer momento a los senadores plebeyos al atribuirles un rango diferente al de los senadores patricios, a saber, el de "conscripti". Con la instauración del régimen imperial, el Senado se convirtió en una cámara consultiva y con alguna competencia en el ámbito municipal de la ciudad de Roma.
Los romanos exportaron el sistema senatorial a las colonias provinciales, donde los senados hacían las veces de órganos municipales encargados de la administración de las ciudades que contaban con uno. Con la caída del Imperio Romano de Occidente, algunas de las ciudades de influencia latina de la península italiana mantuvieron las cámaras municipales, que desembocarían en órganos ejecutivos de las incipientes ciudades estado italianas. Las asambleas y comunas de las Repúblicas de Florencia, Venecia, Génova y Pisa pueden rastrearse en origen a tales asambleas, y aunque su poder se viera reducido a territorios de escasa extensión, su influencia dentro de la política internacional podía ser grande, por ejemplo durante las guerras entre güelfos y gibelinos a partir del siglo XIII.
En los territorios capturados por los pueblos germánicos, se prolongaron a veces las costumbres tribales de los conquistadores, convocándose asambleas de la nobleza germánica en tiempos de crisis o de necesidad; sin embargo, de tales parlamentos sólo participaban la nobleza y, en alguna ocasión, el clero, y sus decisiones solían quedar supeditadas a las del monarca. En este contexto, a veces se menciona como primer antecedente de parlamentarismo en Europa Occidental a las Cortes del Reino de León en 1188, dado que en éstas el poder del monarca se vio sometido a las decisiones de una asamblea de notables formados por clero, nobles, y representantes de las ciudades. Esta estructura de "Cortes" o "Parlamentos" se repitió de manera continua en todos los estados de Europa Occidental, siendo ejemplos de ello las asambleas de los "Estados Generales" en el reino de Francia, las "Cortes" de los reinos de la Corona de Aragón, el "Parlamento" del reino de Inglaterra,... A partir del siglo XIII, los monarcas franceses serán los primeros en insistir en la inclusión del "Tercer Estado", el pueblo –en realidad, la incipiente burguesía–, en las asambleas de los Estados Generales, dado que los burgueses solían alinearse con el Rey en contra de los intereses de la nobleza.
El poder de estos parlamentos medievales dependía en gran medida de la propia influencia del monarca. Como los parlamentos se convocaban de manera puntual para tratar asuntos tales como la recaudación de impuestos extraordinarios para sufragar guerras, un monarca poderoso, rico e influyente tenía muchas más posibilidades de influir y conseguir del parlamento sus objetivos. En general, conforme avanzó el tiempo los monarcas medievales fueron ganando en poder y riquezas, y pudieron contar con los recursos suficientes como para imponerse a su nobleza y anular en buena medida la influencia de las decisiones de los parlamentos. Hubo, no obstante, dos grandes excepciones a esta tendencia. Por un lado, la del Sacro Imperio Romano Germánico, en el que el "parlamento" o colegio electoral jamás trascendió de ser una cámara para la elección usualmente comprada con sobornos o hecha por motivos de interés político del nuevo emperador, de manera que el Sacro Emperador no dejó de ser un primero entre iguales cuya autoridad sobre el resto de principados alemanes era tan sólo teórica.
El segundo precedente corresponde al Reino de Inglaterra. En 1215, el débil rey de Inglaterra Juan Sin Tierra se ve forzado a capitular ante la amenaza de rebelión de sus barones, constituyendo un parlamento formado por los nobles y el clero, a través de una carta real, la Carta Magna, en la que reconoce a ambos grupos una serie de privilegios y prerrogativas que reducen la influencia del monarca a favor de la del Parlamento. Tales privilegios tendrán que ser respetados por los subsiguientes monarcas, y aunque en apariencia algunos monarcas poderosos como Enrique VIII o Isabel I puedan imponerse al Parlamento, éste seguirá reuniéndose de manera habitual, casi de forma anual, algo bastante menos usual en otros reinos europeos como Francia, Dinamarca o Castilla.El tercer precedente y quizás el más significativo lo constituyó el sistema de Cortes derivado de la compleja foralidad aragonesa, unificada en 1247 en los Fueros Generales de Aragón, que se reformarán hasta su versión definitiva en 1592. Esta foralidad recogía la convocatoria de las Cortes, que en Aragón y como único caso conocido, llegaron a contar con cuatro brazos, uno más de los tres habituales, donde estaban representadas las ciudades más importantes del reino, además de nobles, clero y caballeros/infanzones. La existencia de estas cortes desarrollaban, en la práctica, la limitación efectiva del poder del monarca para todas aquellas decisiones importantes del Reino, logrando una representatividad social hasta entonces sin precedentes. Su existencia, pese al autoritarismo de los Habsburgo, llegó hasta su disolución por los Borbones en 1707, excepción hecha del Derecho Privado Aragonés, devuelto a Aragón en 1711 y que todavía se utiliza actualmente.
Las primeras noticias de asambleas electas con poder ejecutivo remiten a la antigüedad clásica, en concreto a las ciudades-estado de Grecia, donde la democracia ateniense es el ejemplo de democracia parlamentaria más extremo conocido –dado que todos los ciudadanos formaban parte del Parlamento, la Ecclesia–. Estructuras parecidas se encuentran en la Antigua Roma, donde el Senado acaparaba todos los poderes ejecutivos del Estado romano, aunque en materia legislativa se veía sometido a las decisiones de los tribunos y los "comicios". El Senado romano estaba formado principalmente por las élites aristocráticas romanas, los patricios, y marginaba en un primer momento a los senadores plebeyos al atribuirles un rango diferente al de los senadores patricios, a saber, el de "conscripti". Con la instauración del régimen imperial, el Senado se convirtió en una cámara consultiva y con alguna competencia en el ámbito municipal de la ciudad de Roma.
Los romanos exportaron el sistema senatorial a las colonias provinciales, donde los senados hacían las veces de órganos municipales encargados de la administración de las ciudades que contaban con uno. Con la caída del Imperio Romano de Occidente, algunas de las ciudades de influencia latina de la península italiana mantuvieron las cámaras municipales, que desembocarían en órganos ejecutivos de las incipientes ciudades estado italianas. Las asambleas y comunas de las Repúblicas de Florencia, Venecia, Génova y Pisa pueden rastrearse en origen a tales asambleas, y aunque su poder se viera reducido a territorios de escasa extensión, su influencia dentro de la política internacional podía ser grande, por ejemplo durante las guerras entre güelfos y gibelinos a partir del siglo XIII.
En los territorios capturados por los pueblos germánicos, se prolongaron a veces las costumbres tribales de los conquistadores, convocándose asambleas de la nobleza germánica en tiempos de crisis o de necesidad; sin embargo, de tales parlamentos sólo participaban la nobleza y, en alguna ocasión, el clero, y sus decisiones solían quedar supeditadas a las del monarca. En este contexto, a veces se menciona como primer antecedente de parlamentarismo en Europa Occidental a las Cortes del Reino de León en 1188, dado que en éstas el poder del monarca se vio sometido a las decisiones de una asamblea de notables formados por clero, nobles, y representantes de las ciudades. Esta estructura de "Cortes" o "Parlamentos" se repitió de manera continua en todos los estados de Europa Occidental, siendo ejemplos de ello las asambleas de los "Estados Generales" en el reino de Francia, las "Cortes" de los reinos de la Corona de Aragón, el "Parlamento" del reino de Inglaterra,... A partir del siglo XIII, los monarcas franceses serán los primeros en insistir en la inclusión del "Tercer Estado", el pueblo –en realidad, la incipiente burguesía–, en las asambleas de los Estados Generales, dado que los burgueses solían alinearse con el Rey en contra de los intereses de la nobleza.
El poder de estos parlamentos medievales dependía en gran medida de la propia influencia del monarca. Como los parlamentos se convocaban de manera puntual para tratar asuntos tales como la recaudación de impuestos extraordinarios para sufragar guerras, un monarca poderoso, rico e influyente tenía muchas más posibilidades de influir y conseguir del parlamento sus objetivos. En general, conforme avanzó el tiempo los monarcas medievales fueron ganando en poder y riquezas, y pudieron contar con los recursos suficientes como para imponerse a su nobleza y anular en buena medida la influencia de las decisiones de los parlamentos. Hubo, no obstante, dos grandes excepciones a esta tendencia. Por un lado, la del Sacro Imperio Romano Germánico, en el que el "parlamento" o colegio electoral jamás trascendió de ser una cámara para la elección usualmente comprada con sobornos o hecha por motivos de interés político del nuevo emperador, de manera que el Sacro Emperador no dejó de ser un primero entre iguales cuya autoridad sobre el resto de principados alemanes era tan sólo teórica.
El segundo precedente corresponde al Reino de Inglaterra. En 1215, el débil rey de Inglaterra Juan Sin Tierra se ve forzado a capitular ante la amenaza de rebelión de sus barones, constituyendo un parlamento formado por los nobles y el clero, a través de una carta real, la Carta Magna, en la que reconoce a ambos grupos una serie de privilegios y prerrogativas que reducen la influencia del monarca a favor de la del Parlamento. Tales privilegios tendrán que ser respetados por los subsiguientes monarcas, y aunque en apariencia algunos monarcas poderosos como Enrique VIII o Isabel I puedan imponerse al Parlamento, éste seguirá reuniéndose de manera habitual, casi de forma anual, algo bastante menos usual en otros reinos europeos como Francia, Dinamarca o Castilla.El tercer precedente y quizás el más significativo lo constituyó el sistema de Cortes derivado de la compleja foralidad aragonesa, unificada en 1247 en los Fueros Generales de Aragón, que se reformarán hasta su versión definitiva en 1592. Esta foralidad recogía la convocatoria de las Cortes, que en Aragón y como único caso conocido, llegaron a contar con cuatro brazos, uno más de los tres habituales, donde estaban representadas las ciudades más importantes del reino, además de nobles, clero y caballeros/infanzones. La existencia de estas cortes desarrollaban, en la práctica, la limitación efectiva del poder del monarca para todas aquellas decisiones importantes del Reino, logrando una representatividad social hasta entonces sin precedentes. Su existencia, pese al autoritarismo de los Habsburgo, llegó hasta su disolución por los Borbones en 1707, excepción hecha del Derecho Privado Aragonés, devuelto a Aragón en 1711 y que todavía se utiliza actualmente.
El parlamentarismo, entendido como un sistema político en el que el poder político reside mayoritariamente en un parlamento surge precisamente en Inglaterra hacia 1640, cuando a raíz de un conflicto entre el rey Carlos I de Inglaterra y su parlamento, el monarca declara la guerra al parlamento y aboca al país a una guerra civil de la que sale perdedor el Rey. En ese tiempo, el Parlamento inglés asumió para sí los poderes del estado durante un breve plazo de tiempo, hasta que Cromwell instaura la dictadura en1649. No obstante, ésta primera irrupción del modelo va a mostrar ya sus rasgos fundamentales. En primer lugar, el Parlamento era una asamblea popular elegida por los ciudadanos en igualdad de condiciones y que gozaba de todos los poderes del Estado, sin que fuera posible violentar su autonomía; en segundo lugar, lo que hoy conocemos como el poder ejecutivo estaba sometido plenamente a la asamblea; y en tercer lugar, el parlamento sólo podía ser disuelto por el propio pueblo que lo había elegido. El triunfo definitivo del régimen parlamentario ocurre con la Revolución Gloriosa en 1688, a partir del cual el Reino Unido aplicó el mismo de manera integral. La instalación en el trono de Inglaterra de la casa de Hanover rubricará el parlamentarismo en Inglaterra, al delegar los monarcas hanoverianos todo su teórico poder en manos del parlamento.
En el continente europeo se habrá de esperar hasta la Revolución francesa para que se atisbe un modelo de representación democrático-parlamentario similar, que indisolublemente va unido a la división de poderes formulada por Montesquieu.
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El pensamiento político medieval.
En los primeros siglos de nuestra Era, el pensamiento cristiano con implicancias políticas arranca de dos pilares evangélicos fundamentales: "MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO" (San Juan, XVIII, 36) y "DAD AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS" (San Mateo XXII, 21 y San Marcos XII,17).
Estos principios proclamaron la emancipación de la Religión respecto de la Política, separaron sus campos de acción y precisaron sus límites. "Señalaron el asentamiento de una Iglesia distinta del Estado -dice Hearnshaw- el fin de esa subordinación del culto divino a la administración civil que había sido la notable característica de la Ciudad-estado griega y romana" (1).
En el desarrollo inmediatamente posterior del pensamiento político cristiano, principalmente por obra de San Pablo, se consideró la complementación de tareas entre el Estado y la Iglesia: el primero mantiene la paz social y hace cumplir las leyes; la segunda se ocupa de la salvación de los hombres. Sobre esta base, la doctrina enseñó el orígen divino de la autoridad civil: "LOS PODERES QUE EXISTEN SON ESTABLECIDOS POR DIOS" (Rom. XIII,I); "ROGAD POR LOS REYES Y POR TODOS LOS QUE POSEEN AUTORIDAD" (I Tim. II,2); "RECUERDENLES QUE SON SUBDITOS DE LA SOBERANIA Y DE LOS PODERES, PARA OBEDECER A LOS MAGISTRADOS Y PARA ESTAR PREPARADOS PARA TODA OBRA DIGNA" (Titus III,1).
En los escritos de San Pablo es también posible encontrar conceptos muy acordes con los de la filosofía estoica, como el reconocimiento de la Ley Natural, inscripta en el interior del hombre, cualquiera sea su raza o circunstancias (Rom. II, 12-15), o como la afirmación de la igualdad de todos los hombres ante la Gracia Divina, cualquiera sea su condición o jerarquía en esta tierra (Philem. 10-17).
También encontramos conceptos similares en la llamada "Primera epístola de San Pedro": "SOMETEOS A TODO MANDATO DEL HOMBRE POR AMOR A DIOS...TEMED A DIOS, HONRAD AL REY" (1 Pet. II, 13-17).
El Imperio Romano persiguió a los cristianos. Pese a su amplia capacidad para asimilar las religiones de los vencidos, se había alarmado mucho por el exclusivismo del culto cristiano (que se veía a sí mismo como "la única y verdadera fé universal") y por la consiguiente negativa de los cristianos a ofrecer sacrificios y desempeñar servicios incompatibles con sus principios. Se había alarmado mucho más aún por la creciente organización y poder de la Iglesia, su ascendiente sobre el pueblo bajo y su infiltración en círculos cercanos al poder.
Estas despiadadas persecuciones modificaron la óptica cristiana respecto del Estado romano. Ya no fue más visto como "heraldo del Evangelio" y cobraron relieve las palabras de la Revelación de San Juan: "BABILONIA...LA GRAN RAMERA...LA MADRE DE LAS PROSTITUTAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA...EBRIA DE SANGRE DE LOS SANTOS Y DE LOS MARTIRES" (Rev. XVII, 1,9).
Esas persecuciones cesaron en el año 311 dC, tras un completo fracaso en cuanto a frenar la difusión de la nueva religión, pero habiendo ocasionado entretanto sufrimientos sin cuento. En el año 313 dC, Constantino reconoce al Cristianismo como una de las religiones oficiales del Imperio, y ochenta años después, en el 392 dC, el emperador Teodosio I cerró los templos paganos y proclamó al Cristianismo como única religión oficial del Imperio.
Una curiosa consecuencia de este aparente triunfo fue la subordinación completa de la Iglesia al Imperio (o sea el llamado césaro-papismo) que eliminó temporariamente la separación entre Política y Religión. Ese movimiento de subordinación a lo secular de parte de la Iglesia fue resistido de varios modos: el monasticismo, el hermitañismo ascético, las revueltas heréticas (arianismo, donatismo, nestorianismo, etc.) y principalmente por la reflexión filosófica y la acción política de los obispos del Imperio Romano de Occidente, tras la muerte de Constantino. En el Imperio Romano de Oriente, en cambio, esa subordinación continuó durante largo tiempo.
En la Teoría Política, la consecuencia de esta situación en Occidente fue que, durante mil años, el eje de la controversia política pasó por la relación entre el soberano secular y la Iglesia dependiente o independiente de su poder, o queriendo subordinarlo al suyo.En ese contexto emerge, como primera manifestación del debate, la formidable obra de San Agustín "La Ciudad de Dios". San Agustín reconoce la autoridad del Emperador romano, admite que ésta viene de Dios, prescribe a los súbditos el deber de obediencia y exhorta al Emperador a defender a la Iglesia contra los cismas y las herejías, pero no admite que, en cuanto Emperador, tenga alguna autoridad dentro de la Iglesia. La Fé y la Moral quedan reservadas a los Concilios y a los Obispos consagrados. Marca así nuevamente con claridad la diferencia entre la Ciudad de Dios y la ciudad terrenal.
En el pensamiento de San Agustín, estos dos conceptos tuvieron una notable evolución: al principio, el primero representa al cristianismo y el segundo al paganismo. En esta fase, San Agustín procura liberar al cristianismo de la acusación de ser responsable del saqueo de Roma por los visigodos de Alarico (410 dC) y mostrar que el paganismo no habría salvado a Roma del desastre ni aún en sus épocas de esplendor. Más tarde, la Ciudad de Dios representa a la Iglesia institucional y jerárquica, y la ciudad terrena, al mundo fuera de la Iglesia. Por último, la Ciudad de Dios designa a la "comunidad de los santos" mientras la ciudad terrena es "la sociedad de los réprobos"...
Es de hacer notar aquí que San Agustín, y otros Padres de la Iglesia de aquel tiempo, están ubicados, en forma similar a Séneca y los estoicos, ante un dualismo inquietante y aparentemente irreducible: lo espiritual y lo material, lo bueno y lo malo, la Iglesia y el Mundo, la autoridad espiritual y la autoridad secular. De allí en adelante, la historia de la Teoría Política medieval es la historia de las propuestas de resolución de este dualismo.
"La Ciudad de Dios" (413-426 dC) ha ejercido una influencia política duradera, profunda y variada, sobre muchos autores, que van desde Bossuet a Comte y a los historiadores y comentaristas del siglo XX. El entendimiento de la doctrina política de esta obra debe buscarse en el contexto de la comprensión que San Agustín tenía del misterio cristiano.
Esa doctrina surge motivada por las luchas de San Agustín contra el dualismo de los maniqueos, contra el donatismo, contra el pelagianismo, contra la acusación hecha a los cristianos de haber contribuido por su misma religión al saqueo de Roma por las huestes de Alarico, pero no es una doctrina sólo para un tiempo, sino el producto de una reflexión permanente, con vocación de perdurabilidad, sobre la violencia y la guerra, la vida y la muerte y la ubicación de los cristianos en la prueba de la historia.
Surgido en un tiempo de crisis, el pensamiento de San Agustín se forjó en la confluencia de dos tradiciones: la cultura greco-romana y las Escrituras judeo-cristianas. De la cultura griega San Agustín valora principalmente la figura de Platón y su "República". Hay una filiación intelectual de idealismo platónico en el pensamiento agustiniano, lo que, entre otras cosas, lo ha convertido con el tiempo, en el involuntario inspirador de muchas corrientes heréticas, del mismo modo que las restauraciones de la ortodoxia generalmente se inspiran en Aristóteles...Pero Agustín apela en su obra sobre todo a la cultura romana, de la que está impregnado. Conoce muy bien la historia de la "Urbs" por excelencia, y la utiliza para mostrar que los dioses paganos no podían servir al Estado, al contrario del Dios verdadero. San Agustín no le pide a Roma que renuncie a lo que la hizo grande sino que reciba finalmente los dones del Dios verdadero, tal como está prometido en las Escrituras.
En su esquema general, "La Ciudad de Dios" se presenta como un recorrido que parte de la crisis reciente (410 dC) para inducir al mundo romano a releer su historia política, para descubrir la vanidad de su "teología civil" y reconocer la necesidad de un mediador entre Dios y los hombres -Cristo- para que la "ciudad terrestre" se abra a ese camino de salvación y, al mismo tiempo, a una comprensión de su proceso histórico, que pueda esclarecer su destino político, al mismo tiempo que el destino último de los hombres y las naciones.
Según San Agustín, los hombres siempre forman parte de algún grupo, en una escala que va desde la familia hasta el Imperio, manteniendo en su seno una relación tan estrecha como "la de una letra en una frase". La existencia misma de grupos de diverso tipo supone la presencia de un acuerdo básico, una disposición social fundamental, propia del ser humano. Para San Agustín, PUEBLO es la reunión de una multitud de seres razonables, asociados "por la participación armoniosa en aquéllo que aman". Como toda sociedad, la "Civitas" requiere un consenso básico, un acuerdo que la induzca a perseguir ciertos objetivos antes que otros; un AMOR cuyo objeto (bueno o malo) evidencia la moralidad o perversidad del pueblo.
Una condición esencial de una verdadera "Res publica" es la JUSTICIA, cuyo objeto es el Derecho, el cual según San Agustín debe derivar de la Caridad. Esta idea de Justicia no está tomada sólo de la tradición latina: ella está transfigurada por la interpretación cristiana.
Dice San Agustín que "la paz de la ciudad es la concordia bien ordenada de los ciudadanos en el gobierno y en la obediencia". En su pensamiento, la PAZ es un valor central: "La paz es tan esencial a los hombres que hasta los malvados la desean". San Agustín sabe, por cierto, que hay paces injustas y admite la legitimidad de algunas guerras, pero denuncia sus atrocidades. En esos días turbulentos, el tema de la paz se plantea con fuerza, y también con el recuerdo cercano de la "pax romana", de los más bellos días del Imperio...
Pero, heredero al fin de la tradición bíblica, San Agustín entiende que la vida política está marcada por una oposición fundamental: "Dos amores han hecho dos ciudades: el amor de sí hasta el desprecio de dios, la ciudad terrestre; el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la Ciudad Celeste. Una se glorifica en sí misma, la otra en el Señor...".
San Agustín considera que la Ciudad de Dios debe marcar con su impronta a la sociedad política, para que no triunfe en ella la ciudad terrena, la "ciudad del Diablo". Las leyes de la ciudad terrena deben ser observadas, pero en nombre de fines superiores. San Agustín reconoce que, en el mundo real, la "ciudad del Diablo" generalmente triunfa, al menos momentáneamente. La sociedad política no es neutra: después de la Caída, su campo es el campo de Lucifer. Ella subsiste, sin embargo, porque Dios, en su infinita paciencia y amor, le ofrece en forma permanente la oportunidad de convertirse en Ciudad de Dios. El pensamiento político de San Agustín desemboca así en una "teología de la historia política": Cristo, por su muerte redentora, ofrece a las ciudades terrestres la oportunidad de convertirse en ciudades de Dios.
La posteridad de la obra de San Agustín ha sido excepcional, pero su pensamiento, ha sido tergiversado o no? Hay o no una tercera ciudad, la ciudad del hombre, la ciudad de la política? El punto de vista de San Agustín sobre la relación entre lo temporal y lo espiritual, sobre la relación entre la Política y la Religión, parece rechazar todo intento de sacralizar el orden establecido. San Agustín es muy consciente de la precariedad de las cosas humanas, siempre próximas al caos, caos que la sociedad política debería, justamente, vencer.
La sociedad y la cultura: se sostienen sólo por el reconocimiento de su fin último? Cómo compatibilizar la precariedad de las construcciones políticas humanas con la vocación sobrenatural de la Humanidad? Temas actuales, preguntas profundas. La respuesta de San Agustín, generada en un tiempo de violencia y de decadencia, está signada por la esperanza cristiana y vislumbra, a través de las viscicitudes de los reinos terrestres, el advenimiento del "Reino que no tendrá fin" (2).
Las invasiones de los bárbaros derrumbaron al Imperio Romano de Occidente, o lo que quedaba de él (recordamos aquí el pensamiento de Toynbee según el cual ningún Imperio cae por causas externas si no ha sido corroído previamente por causas internas, por sus propias contradicciones y conflictos) pero esos bárbaros se convirtieron al Cristianismo por obra de monjes y misioneros enviados por el Papa. La unidad política imperial fue reemplazada por la unidad de la Iglesia, por encima de la fragmentación política resultante de las invasiones. Por su parte, el Imperio Romano de Oriente subsistió durante casi un milenio, ejerciendo una sujección imaginaria del Occidente.
En realidad, las relaciones entre el Papa y el César bizantino fueron siempre malas, hasta que el Papa León III, a fines del siglo VIII decidió sacudirse el yugo: declaró "destronada" a la emperatriz Irene "por sus enormes crímenes" y "trasladó" la autoridad imperial a un representante más digno: Carlomagno, Rey de los francos, a quien coronó en las Navidades del año 800 dC., ratificando así una situación existente de hecho desde bastante tiempo atrás. Este movimiento político del Papa, opuesto incluso a la estrategia política que estaba intentando llevar adelante el mismo Carlomagno -por medio de una alianza matrimonial con la emperatriz Irene- planteó en el terreno de la Teoría Política, y también en el de la disputa ideológica y práctica, el problema de los dos poderes, en su forma más compleja.
La doctrina dominante durante no menos de cinco siglos (800-1300) fue la de la supremacía papal: el Papa era superior al Emperador y éste derivaba su autoridad real de aquél. En el campo teórico, los principales campeones de la supremacía papal fueron: - San Bernardo de Clairvaux (1091-1153); - Juan de Salisbury (1110-1180), quien escribió un tratado muy notable de Ciencia Política, el "Policratus", en el que desarrolló una teoría orgánica del Estado, basada en la analogía entre la constitución orgánica del hombre y la entidad política; - Santo Tomás de Aquino (1225-1274), sin duda el más notable de los filósofos medievales, aunque la amplitud y complejidad de su pensamiento nos hace vacilar al clasificarlo aquí. Más tarde comentaremos su obra y haremos algunas consideraciones al respecto; - Egidio Romanus (1247-1316), discípulo de Santo Tomás, quien hizo más bien una tarea de divulgación.
A partir del 1300, esa doctrina dominante comienza a ser crecientemente cuestionada. La causa de los Reyes nacionales contra las pretensiones papales estuvo también a cargo de escritores notables: - Juan de París (1300?) con su"Tratado de la Potestad Real y Papal"; - Pedro Dubois (1255?-1312?) con su "Recuperación de la Tierra Santa"; - Juan Wycliffe (1320-1384) con su "Del Dominio".
Pero creemos que sobre todo hay que hacer mención de dos nombres, por ser precursores de líneas de pensamiento que serían dominantes en los tiempos modernos por venir: - Marsilio de Padua (1275?-1343?) por su obra "El Defensor de la Paz"; - Dante Alighieri (1265-1321) por su obra "De Monarquía".
Vamos ahora a ver con más detalle algunas de las principales obras de este período.
Santo Tomás de Aquino reintrodujo, después de un olvido de mil años, la "Política" de Aristóteles en la teoría política occidental. Interpretó al filósofo griego en términos de teología cristiana y efectuó una magistral fusión de Aristóteles y San Agustín.
San Agustín se ocupaba de política pero su interés iba mucho más a la "ciudad de Dios" que a los reinos terrenales, a cuyos dirigentes a veces llamaba "esos grandes bandoleros". Por su parte, las escuelas monásticas de la alta Edad Media exaltaban los deberes de la piedad para los reyes y los deberes de la fidelidad para los vasallos, pero todo ello era expresión de una política absorbida por la moral religiosa, con eclipse de la Ciencia Política. Cuando en los reinos, los señoríos y las ciudades de la Cristiandad renació el orden político, fueron pensadores como Alberto Magno y Tomás de Aquino quienes iniciaron la restauración de la filosofía natural y de las ciencias, entre ellas la Política, que Aristóteles había compilado en la Grecia clásica.
Podemos considerar que cuando Tomás de Aquino comenzó a leer y comentar la "Política" de Aristóteles a sus alumnos, renació la Ciencia Política en Europa. A partir de allí ella va a rehacerse en torno a esa obra fundamental, ya sea con ella (como en Santo Tomás y tantos otros) o en contra de ella (como en Hobbes y muchos otros pensadores modernos).
El Comentario (prefacio o "proemium") que Santo Tomás hace de la "Política" de Aristóteles, y que todavía suele encabezar algunas ediciones, es de por sí una obra maestra: ubica a la Ciencia Política en el campo del saber y define su objeto, que en su opinion son las COMUNIDADES, en las que los conciudadanos acceden al "buen vivir". El mito (que luego se difundiría tánto) del "estado de naturaleza" es exorcizado de entrada: el hombre jamás vive sólo.
Realizar esas "comunidades" es el deber del hombre. Para hacerlo cuenta con la ciencia de la política, que es a la vez especulativa (observadora de lo real) y práctica (útil para la acción). La Ciencia Política no es nunca neutra. Los politólogos actuales harían bien en aprovechar esa lección del Comentario de Santo Tomás.
Hay una obra llamada "De Regimine Principorum", cuya autoría (al menos la de las primeras páginas) sería de Santo Tomás. En tal caso esta sería su obra más específicamente política. El problema es que tal autoría está cuestionada (3). De modo que vamos a buscar el pensamiento político de Santo Tomás en su obra más leída y más influyente: la "Suma Teológica", que no ofrece dudas en cuanto a su fuente de orígen. En ella, el tema político no tiene un lugar específico determinado. Está tratado en forma dispersa a lo largo de toda la obra. El lector interesado en este aspecto debe reunir los fragmentos por sí mismo y plantear las correspondientes cuestiones.
En la "Suma Teológica" la obra de Aristóteles es ampliamente comentada, pero Santo Tomás, según su costumbre, también la confronta con otros filósofos antiguos, con los Padres de la Iglesia y con las Santas Escrituras, y sus conclusiones tienen en cuenta todas esas consideraciones. Veamos algunos temas que presentan un interés actual.
En la "Suma", Santo Tomás no habla del Estado ni de los Derechos del Hombre, que son los conceptos omnipresentes en el pensamiento político moderno. En cambio, habla de "comunidades" que son de naturaleza relacional, y no han sido producidas por un pretendido "contrato social" sino por una relación entre "sustancias primeras": los individuos. Su orígen es muy claro: los bienes más importantes a que aspiran los individuos sólo pueden ser obtenidos y gozados "en común".
Así se constituyen grupos organizados, totalidades, tales como la ciudad. No se trata de un "todo contínuo" (como los organismos vivientes) ni tampoco de una fusión en un ser único. El pensamiento político de Santo Tomás no es organicista. La unidad política es otra cosa: una "unidad de orden", cuyas partes son distintas y autónomas, relacionadas sólo por la prosecución y disfrute de bienes que configuran un fin común.
El fundamento del poder es la necesidad de administrar, de dirigir, ese interés común. El bien común, el bien de todos, tiene neta preeminencia sobre los intereses particulares. Santo Tomás no tiene la menor estima por el desorden: asigna gran extensión al poder, exalta el valor de la virtud de la obediencia y considera a la sedición como uno de los pecados más graves. El oficio del Príncipe es regir, por medio de leyes, la conducta de los hombres asociados en pro del bien común. La ley positiva humana obliga a todos los ciudadanos desde su conciencia. La ley puede (en rigor, debe) castigar las trasgresiones, en forma acorde con la magnitud de las faltas, en casos extremos incluso con la muerte. El objeto de la ley es el "buen vivir": fomentar la virtud y reprimir el vicio.
Hasta aquí encontramos sólo razones en favor del ORDEN. Pero el pensamiento de Santo Tomás es complejo, dialéctico, y esas afirmaciones en favor del poder están muy matizadas: el deber de obediencia cesa frente al Príncipe injusto; la sedición deja de ser un pecado mortal y se convierte en una laudable virtud frente a los tiranos; si la ley "no dice lo justo" se desvanece su autoridad y no merece llamarse ley.
Una ley positiva, humana, es injusta si no es acorde con la Ley Eterna -ley natural- y con las Leyes divinas, expresadas en las Santas Escrituras. Esas fuentes metafísicas del Derecho y la Moral subordinan al Poder, que es esencialmente un poder legislativo.
pilitica edad media
Todo el tiempo que estuvo al frente de la ciudad durante la paz, la dirigió con moderación y supo velar por ella de manera segura; en consecuencia, fue la más grande de su tiempo».
Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, II 65, 5.
Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, II 65, 5.
«Quiero repetir por mi parte que Pericles ha hecho a los atenienses perezosos, cobardes, charlatanes y ávidos de dinero debido al establecimiento de un salario para los cargos públicos».
Platón, Gorgias 515 e.
Platón, Gorgias 515 e.
Pocos son los individuos en la Historia que pueden presumir de haber dado nombre al tiempo en que vivieron. Casi da vértigo pensar que no se trata de un acontecimiento de escala mundial, de una guerra que afectara a muchas naciones (por desgracias los conflictos bélicos suelen usarse como etiquetas cronológicas), de un fenómeno natural desproporcionado. Se trata de un simple hombre. Pero algo debió de tener aquel individuo para que su nombre se asociara indisolublemente a su época. Algo especial debió de haber en él para que la posteridad recordara su tiempo como el Siglo de Pericles.
Y sin embargo Pericles fue el “primer ciudadano” de Atenas durante escasas tres décadas (cuarenta años, redondea Plutarco). Entró en la escena política a mediados del siglo V a.C. y en ella se mantuvo hasta su muerte, el 429 a.C.. Como estratego de Atenas lideró sus destinos durante la segunda mitad de la llamada por Tucídidespentecontecia, el lapso de tiempo que transcurrió entre las guerras médicas y las del Peloponeso; al iniciarse este último conflicto ofreció al pueblo ateniense una táctica que quién sabe si no les habría llevado a la victoria final, de no haber muerto él a los dos años de comenzada la guerra. Quizá pueda pensarse que el hecho de ocupar la magistratura de estratego le puso en bandeja el liderazgo de Atenas, pero tal idea se viene abajo en cuanto uno repara en que los estrategos atenienses no ocupaban el cargo de manera vitalicia sino que se elegían anualmente; que no era un único individuo el elegido sino diez cada año; que en principio era un cargo de carácter militar supeditado a otra magistratura más importante, el arconte polemarco. Habiendo escogido ya a Pericles como estratego alguna que otra vez en los años 50, la Asamblea de Atenas (que es como decir el pueblo, la ciudadanía) lo mantuvo en el cargo durante quince años consecutivos, del 445 a.C. al 429 a.C. (y sin embargo parecen pocos comparados con los cuarenta y cinco –si hemos de creer a Plutarco– de Foción, que vivió un siglo después), y en ese periodo dispuso siempre a los atenienses a favor de sus propuestas tanto en política interior como exterior, convirtió su polis en “la más grande de su tiempo” y la puso en la cabeza de un imperio marítimo basado en la tributación a cambio de protección, que dominó el mar Egeo hasta que fue desmantelado en el 404 a.C. con la derrota en la guerra contra los espartanos.
Claude Mossé, gran historiadora de la Grecia antigua cuyo nombre se asocia a los también eminentes historiadores franceses ya fallecidos Jean Pierre Vernant y Pierre Vidal-Naquet, ha sido reseñada por aquí en alguna otra ocasión. Este libro suyo sobre Pericles no aborda el personaje desde un punto de vista estrictamente biográfico; Mossé no construye una biografía del ateniense (aunque la propia autora lo defina como una “biografía crítica”), sino que más bien hace un recorrido en un principio transversal, después horizontal, del cosmos ateniense en los años centrales del siglo V a.C., cosmos en el que Pericles ocupa un lugar esencial. Y sin embargo la obra comienza en el siglo VII a.C. y acaba con Plutarco, en el siglo I d.C. Vamos por pasos: ¿por qué ese comienzo tan remoto? Porque todo comenzó cuando el ateniense Cilón quiso ser tirano…
En efecto: el vencedor olímpico Cilón se propuso en el 632 a.C., en pleno auge de las tiranías griegas, convertirse en el tirano de la oligárquica Atenas. La tentativa fracasó y el arconte (algo así como el primer magistrado de la polis) Megacles, de la familia de los alcmeónidas, cometió el sacrilegio de matar a los golpistas, que se habían refugiado en la Acrópolis, habiéndoles dado palabra de que no lo haría. Tal crimen pesó sobre la ciudad como una losa: Atenas se había vuelto impura, el miasma causado por su primer magistrado debía ser limpiado como fuera. Se llamó a un chamán cretense, Epiménides de Cnossos, de quien se contaban extravagancias tales como que había dormido en una cueva durante cuarenta años (o cincuenta y siete, según la fuente que se consulte), que toda su piel estaba cubierta de tatuajes, que siempre se alimentaba del mismo alimento o que era capaz de separar su alma de su cuerpo. Y Epiménides descontaminó Atenas pero la familia alcmeónida siguió arrastrando la impureza del sacrilegio durante generaciones. A lo largo del tiempo los alcmeónidas fueron desterrados de la polis y sus muertos desenterrados y expulsados de Atenas. Doscientos años después del sacrilegio incluso los espartanos, en una absurda petición que ocultaba una excusa para iniciar la guerra, exigían a los atenienses que expulsaran de la ciudad por impuro al tras tataranieto de aquel sacrílego Megacles alcmeónida; era el año 431 a.C. y el individuo en cuestión era Pericles.La historia griega está plagada de relatos como este, y Mossé lo trae a colación para introducir el tema de las rivalidades entre las familias eupátridas atenienses. Efectivamente, los alcmeónidas no gozaron de la simpatía general la aristocracia ática. Tuvieron enfrentamientos con los pisistrátidas, el clan que logró hacerse con la tiranía durante buena parte del siglo VI a.C. Fueron los alcmeónidas quienes pidieron al rey espartano Cleómenes que expulsara de Atenas al tirano Hipias, hijo de Pisístrato; y fue el alcmeónida Clístenes quien introdujo los cambios legislativos necesarios para hacer al pueblo ateniense dueño de su destino, por encima de tiranías o de aristocracias con ansias de oligarquía. El clan alcmeónida también tuvo rivales políticos entre la familia eupátrida de los filaidas: el vencedor de Maratón, el estratego Milcíades, tuvo sus más y sus menos con el alcmeónida Jantipo, y si el maratonomaco fue encarcelado y condenado a pagar una multa descomunal que después heredaría su hijo, pocos años después Jantipo fue víctima del ostracismo y tuvo que abandonar Atenas. También entre pisistrátidas y filaidas hubo roces: Pisístrato y Milcíades el Viejo, padre del de Maratón, rivalizaron en poder y por ello este prefirió alejarse de la polis durante la tiranía de aquel. Pero volviendo a lo que nos interesa, el enfrentamiento entre los clanes alcmeónida y filaida: los hijos de Milcíades y Jantipo sostuvieron una dura pugna política en los años centrales de lapentecontecia. Estos hijos fueron, respectivamente, Cimón y Pericles.
Claude Mossé no se pierde en los vericuetos que he expuesto en los dos párrafos anteriores. No menciona a Epiménides y huye de dispersarse entre las historias que Herodoto cuenta acerca de alcmeónidas, pisistrátidas y filaidas. Son estos caminos deliciosos, pero el libro busca un tono alejado del chisme (aunque sin rehuirlo del todo) y más cercano al análisis de fuentes más rigurosas que las Historias del de Halicarnaso. En otras palabras: para reconstruir la historia política de la Atenas del siglo V a.C. Mossé se apoya básicamente en la Historia de la guerra del Peloponesode Tucídides y sobre todo en los fragmentos conservados de la pequeña obrita del siglo IV a.C. Constitución de los atenienses, del Pseudo-Aristóteles, y en la República de los atenienses del Pseudo-Jenofonte. Sin embargo, también recurre a menudo (hasta el punto de dedicarle el penúltimo capítulo) a las Vidas Paralelas del moralista Plutarco. La historiadora francesa recoge de su vida dedicada a Pericles tanto los elogios como las críticas al estadista ateniense, ya que el de Queronea se hace eco de ambas cosas.
Y es que Pericles fue en su época un personaje controvertido. Siendo de familia aristocrática, ya desde sus inicios en política se decantó por favorecer al pueblo y apoyar y proponer medidas que restringían fuerza e influencia a las clases acomodadas. Las reformas tradicionalmente atribuidas a Efialtes, líder del bando democrático en los años 60 del siglo V a.C., tal vez fueran sugeridas por el propio Pericles, quien a menudo se retiraba del escenario político y actuaba a través de sus amigos, como revela Plutarco. En cualquier caso, la prematura muerte de Efialtes en el 461 a.C. le dejó solo al frente y enfrentado con el bando aristócrata cuya cabeza más visible era, precisamente, Cimón hijo de Milcíades. ¿Fue Pericles el promotor del descrédito de su rival ante los atenienses y de su consiguiente ostracismo pocos años después? Es posible pero poco probable. ¿Propuso el alcmeónida el polémico decreto de limitación de la ciudadanía a los nacidos de padre y madre atenienses, para así alejar de la política a Cimón, cuya madre era tracia? Es probable pero poco posible. De todos modos, pese a su aura de moderación, templanza y justicia, Pericles sabía jugar duro cuando convenía. Plutarco también se hace eco de la opinión crítica que algunos tenían de Pericles, de quien contaban que el salario que instituyó para los ciudadanos que ocuparan algún cargo público, salario que obviamente salía del erario de la polis, fue solo un intento de contrarrestar la buena fama que su rival Cimón se había ganado al hacer siempre un uso desprendido de su inmensa fortuna personal favoreciendo a quien le pidiera ayuda.
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