Si algo sobrevivió a la disgregación política, fue la Iglesia. Tomando la antorcha romana, se instauró como la única institución que unió a todos los pueblos europeos. Así el latín, se convierte en lengua común de unos y otros y la Iglesia en el poder más relevante de todo el contexto político contemporáneo, friccionando con los poderes tradicionales, que veían peligrar su supremacía.
Durante siglos el Papado estuvo convencido del predominio divino sobre el poder temporal, el político, hecho que no admitía el último. Por ello, en ese tiempo, existió un enfrentamiento entre los dos poderes universales, surgiendo la teoría de las dos espadas, es decir, el símbolo del poder espiritual y el temporal. Ambos poderes estuvieron hasta el siglo XI, momento de una profunda reforma en la Iglesia, unidos en manos del Papa, el máximo exponente del poder divino en la Tierra. Así por ejemplo, un rey o emperador sólo podía ser coronado tal si el Papado daba el permiso para ello, aprobación que se vería escenificada en la ceremonia de coronación.
La nobleza, opuesta a este proceso, animó a la reforma de la Iglesia, proceso que culminaría con la división de ambos poderes. Aún así, la influencia ejercida por la institución de la iglesia, sería un hecho durante toda la Edad Moderna.
A partir del siglo XI, tras el fin de las invasiones bárbaras del espacio europeo, comienzan a surgir las monarquías feudales, gracias a procesos políticos como las Cruzadas o la Reconquista en España. Señores, nobles, que durante años hicieron de su linaje toda una familia noble, con ventajas que se transmitían de forma hereditaria, comenzaron a tomar mucho poder.
Se pasó de un poder único, centralizado, el del imperio, a la instauración de muchos pequeños poderes sobre tierras de distintos tamaños a mano de los nobles. Cada tierra se constituyó como una entidad económica y política.
El proceso de consolidación por una parte de aristócratas, por otro del rey como centro de poder, fue gracias a una serie de factores como la sacralización y ordenación del nuevo orden social que suponía el sistema vasallático. primeros.Fueron los clérigos quienes intentaron delimitar las funciones de los grupos de poder, del eclesiástico y de los campesinos.
Gracias a los libros que hemos conservado, sabemos que los estamentos fueron definidos de la siguiente manera: los laboratores - los trabajadores-, los oratores-los que rezaban-, y los bellatores-los que guerreaban, entre los que se encontraban la realeza, la nobleza y los militares. Así se justificó que unos estuviesen por encima de otros en la pirámide social, culminada por el rey que, gracias a su origen y misión divina, sería el garante de la paz y del buen desarrollo social. Así, al mismo tiempo, justificarían el carácter hereditario y no electivo del cargo.La evolución del sistema de vasallaje y de las monarquías feudales, va perfilando lo que hoy en día conocemos como estados. Es también gracias a las uniones matrimoniales, perfectos engranajes políticos, donde se unen o dividen territorios, donde se hacen políticas dirigidas a la ayuda mutua o desde donde nacen las mayores rencillas.
Será a partir del siglo XIV y durante el siglo XV, cuando comencemos a observar las características propias de los nuevos estados.
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